A continuación les presentamos una serie de extractos de terapias efectuadas con clientes reales a través de metapsicoterapia.com. La partes publicadas han sido previamente autorizadas por las personas implicadas.
Asímismo los nombres de los clientes son arbitrarios, no coincidiendo necesariamente con los de la persona involucrada. También se han efectuado algunas correcciones de tipo ortográfico o gramatical, pero se ha respetado el contenido real de las sesiones. Desde aquí nuestro más sincero agradecimiento a las personas que nos han permitido presentar esta sección.
Adiel es un joven de 24 años con un peculiar patrón de comportamiento obsesivo-compulsivo. En situaciones en las que tiene que conducir sin acompañante, aparecen pensamientos obsesivos relativos a la posibilidad de haber causado algún accidente. Sus respuestas compulsivas consisten básicamente en comprobaciones constantes a través del retrovisor y en no pocas ocasiones a regresar al lugar donde la mente le dice que pudo haber ocurrido algo.
ADIEL: De verdad que estoy pensado en coger un taxi, ¿si no fueran tan caros? Voy a gastar el espejo, miro más que a la carretera.
TERAPEUTA: Entonces, y corrígeme si me equivoco, cada vez que conduces sin compañía conviertes el viaje en una tortura, mirando constantemente al retrovisor: una y otra vez, una y otra vez. Y claro, cada vez que miras al retrovisor dejas de mirar a la carretera, descuidas tu atención y te vuelves más peligroso.
ADIEL: Pues …en realidad… jeje, sí.
TERAPEUTA: Umm… Interesante. Para confirmar un posible accidente que supuestamente ya ha ocurrido has ideado una estrategia que te pone en disposición de cometerlos.
ADIEL: La verdad es que nunca había sentido que esta tontería mia fuese tan grave. Pero yo no dejo de atender a la carretera, si algo no me falta es atención.
TERAPEUTA: Estoy seguro, pero contéstame con sinceridad. ¿Prestas la misma atención a la carretera que si miraras al retrovisor solo lo normal?
ADIEL: Sé que miro demasiado por el espejo, pero es la angustia, no puedo evitarlo.
TERAPEUTA: Sé que no puedes evitarlo, no te voy a pedir eso pero, por lo poco que te conozco, por ahora, pienso que eres esa clase de persona que haría lo posible por evitar riesgos de causar un accidente.
ADIEL: Cualquier cosa, cualquier cosa que este en mi mano.
En esta primera sesión, como se observará hemos utilizado la propia lógica del paciente, el miedo, para iniciar el bloqueo de la conducta compulsiva, convirtiendo un miedo patológico en un recurso. El resultado fue bastante inmediato.
TERAPEUTA: ¿Cómo ha ido?
ADIEL: Mucho mejor, bueno en parte mejor, en otra parte sigo igual. Lo curioso es que en el tramo de autovía voy mucho más relajado, apenas miro al espejo, lo normal. No sé si fue el hecho de hablar contigo, pero me he sentido muy bien esta semana. Sin embargo…
TERAPEUTA: Sin embargo el tramo de carretera de doble sentido que hay de tu casa al trabajo sigue siendo un tortura.
ADIEL: Exacto, sí porque ahí ya no es tanto el espejo, es que necesito buscar un lugar para pararme y ver si atropellé a un ciclista o a un peatón. En la autovía es más a los coches, pero me da menos miedo. Pero un ciclista, un peatón… Sé que si ocurriese algo debería enterarme, pero tengo que…
TERAPEUTA: Confirmar y confirmar. Aunque cuando más confirmas más esclavo eres de tu temor y más fuerza cobra el ritual. ¿Cuántas veces puedes parar durante ese trayecto, para comprobar que no ha pasado nada?
ADIEL: Es para reirse, lo sé, pero ayer seguramente 15 ó 20 veces, incluso llegué tarde al trabajo, pero como me conozco suelo salir con tiempo, entro a las 3 de la tarde y salgo a la 1 del mediodía, para ese trayecto... Bueno, no siempre sucede que paro tantas veces, en ocasiones solo 3 ó 4 veces.
TERAPEUTA: Seguro que a ti no te hace gracia, sobre todo si eso implica que llegues tarde al trabajo. ¿Qué haces, sales del coche inmediatamente y vas al lugar crítico?
ADIEL: Sí, normalmente sí, aunque a veces, si aparco cerca del lugar, simplemente espero a que el ciclista se acerque.
TERAPEUTA: Pero entonces tendrías que pasarlo de nuevo, ¿no?
ADIEL: No, jeje, arranco antes de que me pase.
TERAPEUTA: Umm, entiendo. Te voy a hacer una sugerencia, no un sugerencia, un deber, te planteo una tarea. A partir de ahora cada vez que pares el coche para hacer las comprobaciones debes esperar 5 minutos dentro del coche, si después necesitas salir, adelante sal, y ve a comprobar, pero siempre has de esperar en el coche 5 minutos. Ni uno más ni uno menos.
ADIEL: ¿Pero si en esos 5 minutos pasa el ciclista? Tendré que volver a adelantarlo.
TERAPEUTA: Sí, así es. Si lo necesitas repites el ejercicio cuantas veces sea necesario, y si tienes que salir tres horas antes de tu casa, sal tres horas antes, pero debes hacerlo así. Veremos que ocurre.
ADIEL: Hay dos cosas, los 5 minutos son un poco angustiosos para mi, aunque ahora menos. Ha pasado algo curioso con los ciclistas, cuando me pasan y estoy aparcado… al volverlos a adelantar ya no siento tanta ansiedad.
TERAPEUTA: ¿Has parado más veces esta semana o menos?
ADIEL: Al principio algo, incluso salí 3 horas antes, como me dijiste, pero solo una vez, no quiero perder el día en la carretera. Pero últimamente solo he parado 3 o 4 veces.
TERAPEUTA: Si tuvieras que evaluar tu progreso desde entonces, del 0 al 10, ¿qué puntuación te darías? Imaginando que cuando iniciaste estabas en el 0.
ADIEL: Pues, 6.
TERAPEUTA: 6 puntos en 3 semanas, no está mal. Aunque podríamos apuntar, y nunca mejor dicho para este caso, no conviene pisar demasiado el acelerador, porque podemos deshacer lo que hemos hecho, conviene tomárselo con calma, y puede ocurrir que haya alguna recaída. Esta semana solo haremos una variación, pasaremos de los 5 minutos a 10. Nos quedan aún 4 puntos que lograr.
ADIEL: Te tengo que confesar que no confiaba en que esto pudiera salir tan bien.
TERAPEUTA: ¿Has tenido algún ritual esta semana?
ADIEL: Cero, no he parado ninguna vez. Sí he mirado a veces por el espejo, pero supongo que lo normal.
TERAPEUTA: ¿Qué puntuación te darías?
ADIEL: 9.5, porque lo que si que me queda es la angustia a veces, me viene a la mente si ocurriría algo.
TERAPEUTA: Bueno, pero ha mejorado respecto a la última vez, eso es muy positivo. Con respecto a los pensamientos negativos y angustiosos… ¿recuerdas la historia del monstruo que tira de la cuerda?
ADIEL: Sí, tengo que soltar la cuerda, dejar de luchar estúpidamente contra ellos, aceptarlos.
En general para los problemas de ansiedad y particularmente para los obsesivo-compulsivos de conductas repetitivas, una estrategia que solemos emplear es la de eliminación por saturación. Y este es un ejemplo exitoso de una modalidad de este recurso terapéutico. También se aplicó la fijación con la metáfora de la diana. En muchas ocasiones el paciente tiende a desplazar un problema generando otro, ante el presentimiento que un aspecto ya esta controlado o curado. Le decimos al cliente que hemos de centrarnos en el punto medio de la diana (también llamado “diana”), es decir, en el problema más grave. Después iremos recorriendo otros espacios de esa diana.
Jairo tiene 34 años y trabaja en el ámbito de las nuevas tecnologías. Constantemente está conectado a Internet. Internet le ha aportado múltiples beneficios tanto laborales como personales, pero también algún problema. Acudió a nuestra web por un problema de adicción a las apuestas deportivas de todo tipo. Como Jairo es un tipo muy simpático nos permitimos un licencia humorística. Nunca imaginamos que existiesen tantas modalidades deportivas.
TERAPEUTA: Tu mujer me contó en la primera sesión que incluso te habías llegado a gastar un sueldo completo en un mes.
JAIRO: Sí, aunque también he llegado a ganar mi sueldo algunas veces.
TERAPEUTA: Pero haciendo una cuenta global, ¿has ganado más o has perdido más?
JAIRO: Pues… en fin, estoy aquí para arreglarlo, sé que se me ha ido un poco de las manos. Discutimos siempre, ella dice que me va a dejar, y la verdad, no quiero perderla.
TERAPEUTA: Dime una cosa, ¿cómo ha sido la relación esta semana? ¿Ha sido más tranquila?
JAIRO: Si, supongo que la tranquilizarías. Me dijo que usted le dijo que no me recriminara el que apostara, que dejara el tema. Y la verdad, es mejor así para mi.
TERAPEUTA: Exacto, para ti es mejor, porque ahora puedes apostar asumiendo tu responsabilidad, sin decir que es una manera de desahogo. ¿No?
JAIRO: ¡Qué sutil eres, tu quieres pasarme la patata caliente a mi, eh!. Es broma.
TERAPEUTA: Es tu patata, aunque ella se la tenga que comer, ¿no? Bueno, centrando el tema. ¿Con qué frecuencia apuestas?
JAIRO: Depende, a veces cada 3 o 4 días. El problema es que lo que más me gusta es el tenis, y casi a diario hay enfrentamientos y posibilidades para apostar.
TERAPEUTA: Y a veces apuestas varias veces el mismo día.
JAIRO: Sí.
TERAPEUTA: ¿Cuánto puedes gastar semanalmente de media? Haz una media, una estimación.
JAIRO: 100 euros por decir algo, después es que gano también, no lo tiro.
TERAPEUTA: ¿Y si te permito que sigas jugando y apostando, pero según mis reglas?
JAIRO: ¡A sus órdenes!
TERAPEUTA: Bien, a partir de ahora vas a tener a tu disposición 10 euros para apostar diariamente. En total son 70 euros semanales, poco menos de lo que gastas ahora, eso sí, hay alguna condición….
JAIRO: Ya decía yo que esto era mucho chollo.
TERAPEUTA: Son 10 euros que debes gastar cada día en las apuestas, te apetezca o no. Diariamente. Bajo ningún concepto puedes reinvertir lo ganado ni dejar de gastar esos 10 euros y acumularlos para el día siguiente. Son 10 euros diarios, ni más ni menos.
JAIRO: Joder, estoy flipando, ¿tú le has contado esto a Clara?, porque no lo acepta ni de coña.
TERAPEUTA: Me pondré en contacto con ella. De todas formas esta es una prescripción preliminar, no te hagas ilusiones, después las cosas pueden cambiar.
JAIRO: Eres un cabronazo, eh, me la has metido hasta el fondo. (El lenguaje contundente es genuino del paciente)
TERAPEUTA: ¿Por qué lo dices? ¿Qué ha pasado?
JAIRO: Me has cortado el rollo, me sorprendió tu prueba, pero es una puta trampa. Y es que ha perdido casi toda la gracia. En estos últimos 15 días me ha aburrido apostar muchas veces, pero Clara me obligaba. ¡Qué cabrón!
TERAPEUTA: Me tomo lo de la cabrón como un halago. Pero aquí yo importo muy poco, el protagonista eres tú, eres tú quien ha descubierto algo, algo importante.
TERAPEUTA: Te tomo la palabra. Imagina que hubieses superado por completo tu compulsión a apostar. ¿Qué harías? Voy ser más concreto, ¿qué harías con los 10 euros diarios de las apuestas si pudieras dedicarlos a otra cosa?
JAIRO: No sé, me compraría algo o le compraría algo a mi mujer, tampoco da para mucho.
TERAPEUTA: Son 300 euros mensuales, para algo sí que da. Haz una cosa, hazte esta pregunta todos los días, por la mañana, al levantarte, por ejemplo, y me traes las respuestas.
TERAPEUTA: Ahora te voy a pedir, que hagamos eso mismo que sugerías, que pasemos de los pensamientos a los hechos. Tienes 10 euros para apuestas, puedes apostar o no, pero cuando apuestes apuestas 10, y si no apuestas debes guardar ese dinero en una caja por ejemplo, y a final de semana debes gastarte todo lo que no has gastado en apuestas en un regalo, un regalo para ti o para tu mujer. Creo que, con lo que ha sufrido tu mujer con esto quizás no estaría mal que te mostrases generoso, pero tú mismo. ¿Te parece bien?
JAIRO: Me parece muy bien.
JAIRO: Sí, mucho mejor, la relación a mejorado mucho, un 85%. No te voy a mentir, sigo jugando ocasionalmente, pero es casi una anécdota, me gasto 10 veces menos que antes, y además a veces lo recupero.
TERAPEUTA: Dicho de otro modo, a veces los pierdes, como me decías un día, les prendes fuego.
JAIRO: Sí.
TERAPEUTA: Pero no cabe duda que las cosas van mucho mejor. Ahora nos falta rematar.
Este es un ejemplo de intervención paradójica. La lógica de las pasiones, digámoslo así, es muy distinta a la racional, por eso este tipo de estrategia tiene muchas utilidades para los problemas de orden psicológico. Las apuestas tienen el aliciente de la incertidumbre, de la imprevisión. Partir con una previsión constante le resta excitación.
Lorena es una mujer de 41 años, separada y con una hija. Tres años atrás conoció a un hombre con quien, hasta tres meses antes de que nos consultara, compartía una apasionada historia de amor. Debido a la ruptura tiene pensamientos negativos recurrentes de autodesprecio, de autocrítica destructiva. También presenta síntomas físicos de ansiedad: sensaciones de ahogo, palpitaciones, insomnio… mezclado con fases depresivas de decaimiento, falta de motivación en el trabajo, etc.
TERAPEUTA: Entonces, por lo que veo, luchas y luchas contra tus pensamientos y contra las sensaciones de malestar. Haces lo posible por arrancarlos de tu mente. ¿Recuerdas lo que dijimos la otra vez?
LORENA: Sí, pero tengo que quitarlos de mi cabeza, me hacen daño, pero no sé como. Están ahí no se van. No me atrevo a soltar la cuerda.
TERAPEUTA: Voy a ponerte un ejemplo gráfico de que como funcionan los pensamientos y los contenidos psicológicos en general. ¿Sabes lo que es un polígrafo, no?
LORENA: Sí, eso que utilizan para saber si alguien dice la verdad.
TERAPEUTA: Eso es. La máquina en realidad mide la respuesta fisiológica del organismo: sudoración, palpitaciones, ritmo respiratorio, etc. Imagínate esta situación: Imagínate que yo mismo te coloco un polígrafo y mido tus reacciones fisiológicas…
LORENA: Uff.
TERAPEUTA: Bien, imaginemos que son elevadas. Pero ahora imagínate que yo te ordeno que dejes de mostrar ansiedad, es más, saco una pistola y te digo: “O reduces tu ansiedad o te disparo”
LORENA: Tendrías que matarme.
TERAPEUTA: ¿Por qué?
LORENA: Porque seguiría sintiendo ansiedad.
TERAPEUTA: ¿Igual o más?
LORENA: Más, imagínate, si me amenazas con una pistola…
TERAPEUTA: ¿Y qué nos dice esto?
LORENA: No sé, el cuerpo no se puede controlar.
TERAPEUTA: Es decir, que nuestra voluntad no dirige las sensaciones ni algunos pensamientos. Vienen sin permiso de nuestra conciencia, ¿por qué habrían de irse porque se lo pidiésemos?
LORENA: Si eso ya lo sé, se que no se van porque yo quiera.
TERAPEUTA: Entonces, ¿por qué luchas constantemente contra ellos? En la situación del polígrafo, es la prisa, la necesidad urgente de reducir las reacciones corporales las que haría aumentar la ansiedad en caso de que alguien te pidiese que la redujeses a riesgo de muerte. Umm, aquí siempre recuerdo a Séneca, no me vienen ahora las palabras exactas, pero esta era su idea: Cuando el hombre se desespera afanosamente en la búsqueda de la felicidad, más se aleja de ella y más se acerca a la desesperación.
LORENA: Sí, a veces cuando buscas algo te alejas.
TERAPEUTA: Incluso cuando dejas de buscar a veces encuentras. Quédate con esta frase.
TERAPEUTA: Veo en el Registro de Malestar y Acciones Valiosas que me has enviado por correo que aunque la frecuencia de sensaciones de malestar siguen presentes ha disminuido su intensidad. Veo también que tu esfuerzo en eliminar el malestar a disminuido.
LORENA: Sí, es que ahora siento más bien decaimiento. No estoy tan mal, pero sigo recordando todo ya a veces me pongo a llorar. Afortunadamente tengo a Marisa, la amiga de la que te hable, que es una santa y me da muchos ánimos.
TERAPEUTA: ¿Habláis mucho sobre tu problema?
LORENA: Sí, me ayuda mucho.
TERAPEUTA: Te voy a pedir una cosa Lorena. A partir de esta noche quiero que me escribas un correo. Todas las noches. Un correo donde me cuentes todo lo que sientes en relación a Miguel. Tus recuerdos, tus sentimientos, la ira, la nostalgia… Es decir, que me escribas cada noche los sentimientos que te salen, en ese momento, con respecto a Miguel.
LORENA: Pero fue que me hiciste ver lo que iba transmitiendo en las cartas.
TERAPEUTA: En las cartas quien ha transmitido o expresado… quien ha mostrado su evolución has sido tú. Ha sido muy útil porque las cartas te han hecho como salir fuera de ti, tomar perspectiva sobre lo que estaba ocurriendo, tomar distancia, y así tu sola has encontrado la solución. Bueno y ahora qué, ¿vas a dejar que tu compañero de trabajo te invite a un café?
LORENA: No sé, es majo, pero de momento prefiero estar tranquila con mi hija.
TERAPEUTA: Me parece bien. Tú llevas el timón. Bueno, hoy acabamos la terapia, no obstante si lo deseas concertamos hoy para dentro de dos meses o tres meses, para hacer el seguimiento.
LORENA: Dentro de dos meses estaría genial.
En este caso se empleó por un lado metáforas para ayudar a comprender el modo de enfrentar los pensamientos y reacciones de ansiedad aceptándolos. Por otro se empleo la técnica de las cartas para provocar una desliteralización o despegue o distancia frente a las emociones. Otra técnica empleada, y que no se detalla, fue la del propio yo en el espejo, con el mismo fin.
Elisa es una mujer de 37 años que vive en el sur de España. Desde hace más de 10 años padece crisis agudas de ansiedad y no sale sola de casa. Siempre sale acompañada de su madre o de su cuñada.
TERAPEUTA: ¿Cuando sientes las crisis, es más un miedo a morirte o a perder el control?
ELISA: Es saber que todo se va a disparar y que me pase algo.
TERAPEUTA: Miedo a morir.
ELISA: Sí.
TERAPEUTA: ¿Las crisis se dan en lugares o contextos que puedes prever o pueden suceder en cualquier lugar y en cualquier momento?
ELISA: En general me pasa si me siento sola y desprotegida, a veces incluso en casa si no hay nadie y sé que no puedo contar con nadie en ese momento.
TERAPEUTA: ¿Y si más o menos puedes prever estas situaciones haces lo posible por evitar que se den o tratas da afrontarlas y probarte?
ELISA: No sé que decirte, en general las evito, salgo siempre con alguien de la familia, con mi madre y mi cuñada, que son las que más me ayudan, aunque no las dejo vivir y eso…
TERAPEUTA: De eso hablaremos después, pero me decías que a veces las evitas, pero ¿otras veces? ¿Te pones a prueba?
ELISA: Es que me da rabia como soy, agobiar a todo el mundo, no poder curarme.
TERAPEUTA: Entonces, en tu caso, y me corriges si me equivoco, los ataques de pánicos son por miedo a irte, a que te pasea algo. Se dan en situaciones que en general puedes anticipar o predecir y por último, aunque las evitas, a veces te pones a prueba.
ELISA: Eso, pero ni la medicación ni las terapias han funcionado conmigo.
TERAPEUTA: Y decías que tu familia te acompaña a todas partes. ¿Eso te hace sentir bien o mal?
ELISA: Pues me cabrea mucho.
TERAPEUTA: Pero en relación a tu problema, a las crisis, ¿mejoran o empeoran con esta ayuda?
ELISA: No, en ese sentido me siento más segura con ellas a mi lado.
TERAPEUTA: ¿Te sientes mejor en el momento y a largo plazo tu problema va remitiendo o el hecho de que te ayuden constantemente te hace sentir más frágil, más incapaz y por tanto aumenta?
ELISA: De momento me siento mejor, más tranquila, desde luego, pero sí que me siento más inútil, a largo plazo y esto me da rabia, me cabrea.
TERAPEUTA: Así que a corto plazo te ayuda, pero con respecto a tu problema más bien te acaba por perjudicar, en el sentido que cada vez te sientes más desprotegida en el sentido de poder superarlo por ti misma.
ELISA: Sí.
TERAPEUTA: Te voy a pasar por correo un documento, un registro para cubrir. Con respecto a la ayuda que te prestan los demás no voy a pedir que prescindas de ella, seguramente ahora aun no es posible, pero quiero simplemente que seas consciente de lo que tú misma me has comentado. Que cada vez que recurres a la ayuda de los demás te sientes más desprotegida, más lejos de superar el problema. Solo tenlo en cuenta. Por otra parte quiero que evites ponerte a prueba, porque si te pones a prueba es como si solo fueses a ver cuando tienes una crisis. En el registro que te envío debes cubrir todo lo que ocurre en un momento de crisis, pero no se trata de que te expongas, solo que trates de hacer un poco tu vida, lo que te surja hacer, pero sin ir a buscar las situaciones. Si surge alguna situación de riesgo la apuntas. Después te envío un mail para explicártelo mejor.
ELISA: Esta semana he estado más tranquila, al empezar la terapia, supongo que ha influido.
TERAPEUTA: ¿Cuántas crisis has tenido?
ELISA: Ninguna, bueno, pero tampoco me ocurrió nada, no estuve que ponerme en momento difíciles, me dijiste que no me pusiera a prueba.
TERAPEUTA: ¿Cuál ha sido tu actitud con la ayuda de los demás?
ELISA: Con mis perritos falderos, como yo las llamo, a mi madre y a mi cuñada. He pensado en lo que dijiste y he intentado liberarme un poco y liberarlas a ellas, que esa es otra. Digamos que tengo una zona de seguridad en todo lo que es la urbanización, porque se que pueden ayudarme, que pueden llegar pronto.
TERAPEUTA: Con respecto a esa zona de seguridad vamos a utilizar la estrategia del mapa, después te comento en que consiste.
TERAPEUTA: ¿Cuántas veces has llegado a casa de tu cuñada?
ELISA: No sé, unas cuantas, he ido casi todos los días.
TERAPEUTA: ¿Sola?
ELISA: Excepto una vez que tenía que venir mi madre, sí.
TERAPEUTA: ¿Está muy bien, no?
ELISA: Está fenomenal, aunque a veces me siento algo inquieta, pero me acuerdo mucho de la historia de las arenas movedizas. Al momento que presiento que me descontrolo sé que si escarbo me voy a hundir antes. Aun me gustaría estar plenamente confiada, que no lo estoy, pero soy más fuerte.
TERAPEUTA: Del 1 al 10, si 10 es el objetivo final, donde te situarías.
ELISA: 8
TERAPEUTA: Veamos lo que podemos avanzar estos próximos 15 días. Pero ahora ya eres fuerte, ya conoces muchas cosas, ahora tú puedes llevar la batuta. Cada día piensa en que cosa que podrías hacer haría que amentara una décima esa puntuación. Piénsala y hazla, solo eso Elisa.
ELISA: ¿Sabes que me eché un novio por Internet?
TERAPEUTA: ¿En serio? ¿De dónde?
ELISA: Es argentino, pero vive en Barcelona.
TERAPEUTA: ¿Y has ido a verle?
ELISA: La semana pasada estuve allí
TERAPEUTA: No me fastidies. Con tu madre en el hotel contigo, supongo.
ELISA: Jaja, no me fastidies tú a mi. Estaba con él, no necesitaba a mi madre.
TERAPEUTA: Ahora solo dime que te vas a Argentina y me matas.
ELISA: Ya me gustaría, y a él más, pero de momento no puede ser.
Aunque aquí solo mostramos algunas técnicas, como la desactivación progresiva de la ayuda y la transferencia de la responsabilidad en el cambio… en el caso se aplicaron otras técnicas que fueron decisivas, como la del mapa y la desesperanza creativa, que no detallamos por no darle excesiva densidad a esta demo.
Roser es un madre que vive en el pirineo catalán. Tiene un hijo, Xavier, de 7 años, con auténtico pánico a las tormentas y más específicamente al trueno. Por razones de edad, y porque no solo en esta, sino en muchas ocasiones para resolver un problema nos conviene incluso tratar con una persona allegada y no directamente con quien padece aquello que queremos cambiar, la terapia se llevó a cabo exclusivamente con Roser.
ROSER: Me dicen que no debo preocuparme, que ya lo superará pero es que no se puede imaginar como grita, como chilla, nos vuelve locos a todos, yo me veo completamente superada y frustrada como madre, no sé que hacen para tranquilizarlo. Trato de poner cosas de la televisión, pero claro con la tormenta… pongo música, trato de distraerle, pero no hay manera.
TERAPEUTA: Eso mismo es lo que quiero saber, las soluciones que habéis intentado tu marido y tú para poner fin a la fobia de Xavi.
ROSER: Como te voy diciendo, de todo, incluso le contamos la mentira de que es que están haciendo una obra o cualquier cosa que se nos ocurre. Pero, claro, el niño no es tonto, y ve o comprueba como está el día.
TERAPEUTA: Me contabas también que iba a un logopeda.
ROSER: Si, a una logopeda de la escuela, tiene problemas de atención.
TERAPEUTA: Bien Roser, varias cosas. Como ya me avanzas, las mentiras no están dando efecto, el niño no es tonto, además, dime una cosa, si tú tuvieses miedo a una cosa, la que sea…
ROSER: Yo también soy algo miedosa... me da miedo quedarme a oscuras, es que creo que yo le he pasado algo el miedo a Xavi.
TERAPEUTA: Imagina que tu marido al momento que se va la luz, corre hacia ti, te tapa los ojos y empieza a hacer el jueguecito de “¿quién soy?” Y que te lo haga siempre, siempre que se apaga una luz, que se hace de noche, siempre que la oscuridad amenaza.
ROSER: Me daría rabia.
TERAPEUTA: Te daría rabia porque si tenías poco con el miedo, es como si te estuviese llamando miedosa todo el tiempo. Más a más, es como si le diese incluso más importancia a la oscuridad que la que tú misma le das, y te transmite miedo.
ROSER: Sí, entiendo por donde vas, tienes razón.
TERAPEUTA: En cualquier caso lo que no te falta es voluntad y compromiso por resolver este “problemilla”. Es seguro que va a requerir de bastante paciencia. Lo primero es que lo que hay que empezar a promocionar en Xavi son las conductas valientes, más que hacer desaparecer las conductas de miedo. Para eso vamos a diseñar un programa de puntos, según el cual vamos reforzando una conducta valiente pintando casillas y cada cierto numero de casillas le premiamos con algo, con realizar con él una actividad que le guste, un pequeño premio, no sé, ya lo veremos tú y yo. En general, lo importante es quitarle importancia al miedo, pero no tapando o ocultando aquello que lo produce, sino comportándonos con normalidad. Fíjate que si nos mostramos nerviosos transmitimos ese nerviosismo.
ROSER: He empezado con los ejercicios que me dijiste. Le puse el archivo de sonido con el efecto de la tormenta en la intensidad 1, pero me dijo que ni lo oyó.
TERAPEUTA: ¿Estaba nervioso? Solo por el efecto de la ansiedad anticipatoria de saber que va a escuchar algo que no le gusta podría mostrarse inquieto.
ROSER: No me pareció nervioso, pero se extrañó cuando le dije que ya habíamos terminado.
TERAPEUTA: Mañana súbele un punto. Recuerda que debes mantener la misma intensidad e volumen hasta que no te diga que no le produce nada de miedo, y entonces comprobar que es así repitiendo la secuencia varias veces.
ROSER: De acuerdo.
TERAPEUTA: El programa de puntos con el archivo de sonido, aunque va a venir muy bien, no deja de ser una cosa un tanto artificial, y por eso hay que incorporar ejercicios más naturales, cuando coja un poco de confianza algo que se puede practicar es una cosa que yo aprendí de la película “Poltersgeist”, ya sé que la película no es la más apropiada para sacar miedos, pero había una escena donde el padre enseñaba al hijo a contar los segundos entre la luz del rayo y el sonido el trueno. En nuestro caso bastará con contar los segundos entre un trueno y otro. El objetivo es distraer al niño, pero no para que deje de escuchar el ruido, es importante que lo escuche para que supere el miedo, sino para distraerle de las emociones de miedo. Este ejercicio puede hacerse de muchas maneras, yo te sugiero esta, pero hay otras.
ROSER: Lo probaré y te contaré.
ROSER: Ah, no, con la tormenta del ordenador, ya sabe él ponerla y sube el volumen, sin ningún problema.
TERAPEUTA: Veo que le has animado perfectamente, que has sabido llevar las tareas con paciencia y realmente muy bien, estoy sorprendido, si te digo la verdad, las madres para esto soléis ser bastante temerosas, y os ablandáis al mínimo contratiempo, y perdóname por el comentario. Tú lo has hecho magníficamente.
ROSER: No, si tienes toda la razón. Lo que iba a decirte es que por fin el otro día hubo tormenta, antes rezaba por que no hubiese tormenta, ahora tenía ansia, para ver que ocurría. Contamos los segundos como me dijiste, al principio lo hice yo con él, después lo hizo solo, la verdad es que se controló, no gritó, ni lloró, hizo eso de la tortuga que me dijiste la semana pasada, pero lo noté algo rígido, nervioso.
TERAPEUTA: Muy bien, muy bien, de hecho no es normal que respondan tan bien la primera vez. Ahora hemos alcanzado un punto donde vamos a dar un impulso o giro importante a la terapia. Tú ya conoces un montón de estrategias y como emplearlas, ya conoces la filosofía, ahora tú vas a tomar la iniciativa de cómo manejar la situación, porque en realidad ya lo has estado haciendo hasta ahora. Así pues a partir de ahora simplemente estaremos en contacto por mail, digamos que de momento se acabó la terapia, aunque seguiremos en contacto simplemente para que me cuentes todo lo que vas haciendo.
ROSER: No sé, yo creo que es pronto para acabar la terapia.
TERAPEUTA: Mira Roser, nosotros por lo general trabajamos con un protocolo de 12 sesiones, aunque después haya alguna otra de seguimiento. Y hay una razón para no hacer los tratamientos largos, si yo mantengo una terapia años y años me convierto en cómplice del problema, hago que el cliente, el paciente, tenga dependencia de mi.
ROSER: Sí, pero esta debe ser la quinta o sexta sesión.
TERAPEUTA: Sí, es la sexta, pero es que tú lo has hecho extraordinariamente bien, y sabes lo que hacer. De todas formas yo sigo aquí, si me permites la broma, no me ha partido un rayo. Mira, esto me recuerdo una cosa que discutíamos unos colegas el otro día sobre el programa este de supernany, la supernany no soy yo, eres tú. A ver, en el programa se presenta algunas técnicas que pueden ser buenas, pero a mi me parece que se desautoriza a los padres. Y cuando se va la supernany uno piensa en la cara de tontos que se le queda a los padres y en la autoestima por los suelos. Quizás exagero un poco.
ROSER: No, me has hecho reír, el otro día a mi me dio pena de una madre, yo les digo que borren la cinta, si me sacan en esa situación me muero.
En esta demo hemos querido mostrar fundamentalmente una cosa, la importancia de transferir la autonomía a la persona que realiza la terapia. Nosotros podemos y, de hecho hacemos, sugerir técnicas o estrategias, incluso al principio muy específicas y concretas, pero poco a poco es la persona que no solo las administra y ejecuta, sino quien debe acabar por gestionar, construir… Nosotros decimos que un problema ya está resuelto cuando uno ya se ha responsabilizado completamente de su gestión.
Juan, de 28 años, nos consulta porque desde hace algún tiempo viene notando que su deseo sexual se ha reducido notablemente. Juan comenta que siempre ha disfrutado del sexo y que nunca antes se había sentido bloqueado antes en este aspecto, pero en su actual relación sentimental ha notado como su deseo se ha reducido notablemente, a pesar de que confiesa estar muy enamorado de Iván, su pareja, 6 años mayor que él, con quien también realizamos esta terapia de pareja. Curiosamente, este es un problema menos frecuente en parejas homosexuales, debido a que en general viven el sexo de forma libre y desinhibida, pero como después descubrimos era precisamente ésta la causa de problema.
JUAN: Lo que pasa es que tengo miedo de perderle por mi falta de ganas. Últimamente discutimos, los dos estamos nerviosos. Es el amor de mi vida, todo podría ser perfecto pero no se por qué me bloqueo.
TERAPEUTA: ¿Y esto te había sucedido antes con otras personas?
JUAN: No, es lo que no entiendo, porque realmente ahora estoy más enamorado que nunca, en el fondo quiero más que nunca, pero cuando más quiero menos deseo tengo. Es absurdo.
TERAPEUTA: Entonces, en realidad tu quieres, deseas desesperadamente estar con él y mantener relaciones sexuales de forma normal, pero lo deseas de forma desesperada, y entonces al final el deseo se va diluyendo. ¿Es así?
JUAN: Sí, y si lo fuerzo, no disfruto, incluso tengo dificultad en excitarme.
TERAPEUTA: No es tan absurdo, Juan, precisamente lo que haces, y tomo tus propias palabras es desesperarte por que aparezca el deseo, pero de esta forma lo que encuentras no es el deseo, es la desesperación.
JUAN: Sí, pero ¿qué puedo hacer?
TERAPEUTA: La pregunta que probablemente yo empezaría a hacerme para cambiar las cosas sería ¿qué podría dejar de hacer?
JUAN: No te entiendo.
TERAPEUTA: ¿Y si una parte del problema fuese esa necesidad de responder, el hecho de que ante algo que tú percibes como un problema, te desesperas por desbloquearte, por lograr algo, pero en ese intento es donde está gran parte del problema? ¿Y si por un tiempo dejaras de buscar ponerle solución?
JUAN: Pero tengo miedo que todo se vaya a pique. Y sé que no todo es el sexo, ni para mi, ni para él, eso lo hemos hablado, pero si muestro desinterés y ni siquiera se ve que quiera ponerle solución…
TERAPEUTA: Yo no he dicho que dejes de buscarle una solución, digo que la forma de solucionarlo llevada a cabo hasta ahora no ha resultado y te pido hacer algo diferente.
JUAN: Que es no hacer nada.
TERAPEUTA: Es un no hacer activo, es decir, es dejar de buscar tu deseo, y por un tiempo disfrutar de la relación de otra manera, haciendo otras cosas, incluso a nivel sexual, la sexualidad como sabrás es algo muy amplio, que puede estar presente en una forma de mirarse, en una forma de ver una película de video juntos… en fin, podemos programar y pensar en toda una manera de actuar durante esta semana, que, si quieres verlo así, podemos tomar como una especie de tregua.
JUAN: Yo lo que quiero es solucionarlo.
TERAPEUTA: Volviendo al tema que nos ocupa ¿Cómo ha ido todo esta semana?
IVAN: Bueno, creo que él ha estado más tranquilo. Juan me comentó todo lo que dijiste que debíamos hacer, y lo hicimos…
TERAPEUTA: ¿Al pie de la letra?
IVAN: Creo que sí. Por lo menos lo intentamos, pero a mi me ha sido muy difícil. Bueno yo, como creo que te comentó, soy muy, me da un poco de vergüenza decirlo… Soy muy impulsivo, algo dominante.
TERAPEUTA: ¿Quieres decir que si tu pareja se muestra pasiva, sin muchas ganas de sexo, sientes más necesidad o impulso de mantener relaciones o que en general tiendes a apresurar o a marcar la iniciativa en todo momento en las relaciones sexuales?
IVAN: Lo segundo. Cuando siento la necesidad soy un poco plasta.
TERAPEUTA: Creo que entiendo, pero corrígeme si no es lo que estoy pensando, entonces tiendes a marcar tú las pautas, pero de una manera un tanto… como decir, sin dejarle mucho espacio a tu pareja.
IVAN: En ocasiones sí, pero no es que se haga todo lo que yo quiera o algo así, no lo entiendas de esta manera, tiene que ver con que cuando quiero tener sexo no tengo mucha paciencia.
TERAPEUTA: Por eso durante esta semana tú has sufrido un poco, ¿verdad?
IVAN: Sí, bastante, jaja.
TERAPEUTA: ¿Y crees que ese ímpetu personal puede tener algo que ver en el rechazo de Juan por mantener relaciones?
IVAN: Sí lo he pensado.
TERAPEUTA: ¿Crees entonces que la tarea que hemos programado podría ir en la dirección correcta?
IVAN: Desde el punto de visa de Juan sí, porque yo he notado que ha estado más tranquilo esta semana, incluso…
TERAPEUTA: ¿Incluso…?
IVAN: Nada, que ha estado más cómodo, incluso más dispuesto, diría yo. Pero yo he estado algo incómodo.
TERAPEUTA: Así que Juan ha estado más cómodo, incluso podría haber roto un tanto ese bloqueo inicial, lo que supongo que es bueno para él, pero también para ti.
IVAN: Desde luego, completamente, yo estoy contento, creo que es buena idea lo que estamos haciendo, pero me cuesta trabajo.
TERAPEUTA: ¿Merece la pena?
IVAN: Claro, es una persona muy importante para mi.
TERAPEUTA: Pero si mejoramos el sistema de relación entre ambos en el plano sexual mejoraría para los dos, no solo para uno de vosotros.
IVAN: Claro que sí.
TERAPEUTA: Me alegro de que ambos lo veáis así.
IVAN: Ahora casi me lo tengo que quitar de encima.
JUAN: No te pases.
TERAPEUTA: Bueno, voy a estropearos un poco esta euforia de felicidad, realmente estoy contento por vosotros, pero hay algo que siempre es importante: “ser cautos”. Como habéis aprendido, una forma de aumentar la intensidad en el disfrute de una relación sentimental y sexual es demorar los placeres. Así pues, con respecto a las relaciones sexuales yo os voy a sugerir que vosotros las practiquéis como mejor os parezca, pero que sigáis con el protocolo previo que hemos pactado en la última vez como previo a las relaciones sexuales plenas, digámoslo así. Sin embargo os daré la opción de que una vez por semana os lo saltéis a la torera. ¿Ok?
JUAN: Ok.
IVAN: Ok también.
Aunque aquí no mostramos con detalle las técnicas utilizadas, si queremos dejar ver como en una relación a veces se construye un sistema de relación inadecuado que es el que genera el problema y como cambiando este sistema el problema puede desaparecer.
Irene tiene 38 años y dos hijos. De veinteañera había sido diagnosticada de bulimia nerviosa y confiesa haber estado muy preocupada por su aspecto en su juventud, sin embargo desde hace casi un año han reaparecido sus comportamientos de inducción al vómito, según comenta, a raíz de una crisis matrimonial que argumenta ya superada. Sin embargo está escandalizada con su comportamiento, que no ha remitido.
TERAPEUTA: Lo primero que tenemos que comprobar es si en tu caso tratamos con una vomitadora arrepentida o con una vomitadora complacida con vomitar. Por este motivo no te voy a pedir que dejes de vomitar, solo que en el momento que sientas el impulso esperes media hora para hacerlo, entonces tú misma decides si lo haces o no, puedes hacerlo o no hacerlo, la única condición es que esperes media hora y después hagas lo que en ese momento desees hacer.
IRENE: Intentaré hacerlo así.
TERAPEUTA: Por otra parte en la primera sesión convenimos hacer un pacto de silencio entre tú y tu marido sobre este tema, dejando 15 minutos todas las noches para hablar sobre ello. ¿Lo habéis hecho?
IRENE: Sí, pero solo utilicé los 15 minutos la primera vez, después me sentía un poco ridícula.
TERAPEUTA: Seguimos con esa prescripción.
TERAPEUTA: ¿Qué hemos descubierto con la tarea de los 30 minutos de demora?
IRENE: Que sigo vomitando, pero menos veces.
TERAPEUTA: ¿Y todo ese “menos” en vomitar en que medida ha supuesto “más” en tu relación matrimonial, vida social, ocio?
IRENE: Ahora estoy dedicándome más a él y más mi misma.
TERAPEUTA: Ponme un ejemplo.
IRENE: Pues por ejemplo el sábado hemos planificado ir a Soria, a pasar el día solos.
TERAPEUTA: Suena bien, por fin solos.
IRENE: Sí, por fin.
TERAPEUTA: ¿Y cómo lo vas a disfrutar?
IRENE: Uy, tengo muchas ideas, ya veremos como salen.
TERAPEUTA: ¿Te has dado cuenta que llevamos varias sesiones hablando de un montón de cosas y apenas hemos recordado lo que nos traía aquí?
IRENE: He descubierto muchas cosas que son más importantes, es como si lo hubiese metido en un cajón.
TERAPEUTA: Ya casi no sientes necesidad de hablar de ello.
IRENE: A lo mejor mi problema era que eso lo ocupaba todo, estaba siempre pensando en ello.
TERAPEUTA: Estaba todo el día presente el tema “vómitos”, de una u otra manera. ¿Qué has logrado en lo que llevamos de tratamiento?
IRENE: Ver que hay muchas otras cosas importantes que había descuidado y dejar, de momento, de vomitar.
TERAPEUTA: ¿Por qué crees que vomitabas antes?
IRENE: Pienso que era una forma de aliviarme.
TERAPEUTA: Una forma de llenar algo que te faltaba.
IRENE: Sí.
TERAPEUTA: Pero cuando llenabas tu vida así, más vacía estabas.
IRENE: Eso es lo que me pasaba.
El tratamiento de algunos trastornos de alimentación (bulimia, anorexia, vomiting, atracones…) descubren otros problemas que son los que sustentan la conducta problema, con lo que la terapia puede adoptar un estilo indirecto: atacar los problemas de fondo a través de estrategias para controlar el síntoma.
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